
La actitud de «facilitar las cosas» suele venir motivada por la tendencia a esforzarse más que la propia persona querida por resolver sus problemas y gestionar su vida.
Es natural querer ayudar, pero el «facilitar» puede ir un paso más allá. A menudo actuamos por culpa, miedo o por el deseo de ayudar, incluso cuando lo llamamos amor, y no siempre está claro qué es lo que realmente ayuda.
En el fondo, quizá te des cuenta de que algunos de estos comportamientos no te parecen correctos o no están dando resultado. Al mismo tiempo, es instintivo proteger a las personas que queremos. Por desgracia, esto a veces puede protegerlas de consecuencias que, de otro modo, podrían motivar un cambio.
Intenta no pasar por alto los comportamientos que favorecen la adicción ni dar por sentado que esto no se aplica a tu situación. En su lugar, tómate tu tiempo para evaluar tus reacciones, fíjate en lo que pueda resultar contraproducente y empieza a introducir pequeños cambios. Un programa familiar estructurado también puede ayudarte a comprender los patrones que favorecen la adicción y a aprender formas más saludables de apoyar la recuperación.
Nadie quiere que un ser querido vaya a la cárcel o tenga antecedentes penales. Sin embargo, pagar la fianza o los honorarios de un abogado puede eliminar consecuencias que, de otro modo, podrían animarle a buscar ayuda. Con el tiempo, esto puede transmitirle la idea de que sus problemas legales se resolverán por él.
Intenta no mentir, encubrir ni restar importancia a lo que está pasando. Evita poner excusas o disculparte en su nombre si faltan al trabajo o incumplen sus compromisos familiares.
Si tu ser querido decepciona a otra persona, es importante que sienta directamente las consecuencias. Cuando le resulta más fácil eludir sus responsabilidades, también le resulta más fácil quedarse estancado en patrones poco saludables.
Si tu ser querido se niega a recibir tratamiento pero sigue en contacto contigo, no pasa nada por contestar sus llamadas y pasar tiempo con él.
Durante esas conversaciones, exprésales tu cariño y sigue animándoles a que acudan al tratamiento. Con el tiempo, esa constancia puede marcar la diferencia. Puedes mantener unos límites sin dejar de mostrarles tu cariño y amabilidad. Mantener el contacto puede recordarles que hay más cosas en la vida aparte del consumo de sustancias.
Puede ser útil reflexionar detenidamente antes de dar dinero, ya que, sin quererlo, se podría estar contribuyendo a que se siga utilizando.
Esto puede incluir el pago de facturas, multas, alquiler, préstamos, gasolina, seguros o matrículas. Decir «no» es una opción, aunque pueda resultar difícil. Experimentar el impacto de estas responsabilidades puede ser, en ocasiones, parte de lo que motiva el cambio.
Una excepción podría ser el apoyo que fomenta directamente la recuperación, como el tratamiento o los medicamentos recetados.
Te mereces sentirte seguro y cómodo en tu propia casa.
Si te sientes incómodo con lo que está pasando en casa o con cómo te tratan, quizá sea el momento de plantearte un cambio. Por difícil que resulte, intenta no centrarte únicamente en lo que podría pasar si te marchas. Para algunas personas, el aumento de la incomodidad puede hacer que marcharse parezca una opción más realista.
Dejar de ser complaciente no es una decisión que se toma de una sola vez. Es algo en lo que hay que trabajar de forma constante, cada vez que interactúas con tu ser querido o piensas en él. La complacencia es un patrón y, como la mayoría de los patrones, se puede cambiar con el tiempo.
A veces nos cuesta reconocer nuestros propios patrones y justificaciones: por qué sentimos que «tenemos» que dar dinero, llevar a alguien en coche o ofrecerle alojamiento.
Contar con el apoyo de profesionales o de otras personas que se encuentren en situaciones similares puede ayudarte a ver las cosas con más claridad y a introducir cambios. Pedir ayuda puede hacer que este proceso resulte más llevadero.
Una vez que empieces a reconocer los comportamientos que fomentan esa conducta, el siguiente paso es definir y comunicar los límites.
Establecer límites no tiene que ver con castigar, rechazar o abandonar. Se trata de crear una dinámica más saludable para ambos. Comunicarlos puede resultar difícil, pero es una parte importante del cambio.
Si tu ser querido se siente cómodo con tu ayuda, puede ser útil preguntarle si ese apoyo le está ayudando a salir adelante o si, por el contrario, está permitiendo que la situación se prolongue.
Como norma general, intenta no encargarte de cosas que ellos mismos podrían gestionar si no estuvieran luchando contra la adicción. Hablar de situaciones concretas con alguien con experiencia también puede ser de ayuda.
Quizá sean más capaces e independientes de lo que parece ahora mismo.
Si han llegado a un punto en el que están pasando por grandes dificultades, a menudo se debe a sus propias decisiones. Aunque sea doloroso verlo, no es culpa tuya. A veces, enfrentarse a las consecuencias de esas decisiones es precisamente lo que les lleva a buscar un cambio.
Es fácil aferrarse a la esperanza de que las cosas mejoren por sí solas o de que la situación no sea tan grave como parece.
Creer que pueden controlar su consumo sin ayuda, o asumir la responsabilidad de sus actos, puede ser un signo de negación. También son habituales pensamientos como «no es para tanto» o «las cosas mejorarán cuando…».
Reconocer la gravedad de la situación puede resultar difícil, pero es un paso importante hacia el cambio.
A este grado de implicación se le suele llamar «codependencia».
Es posible que los familiares se vean obligados a adaptar su vida a la persona que está pasando por dificultades. Si la relación te parece unilateral, perjudicial o agobiante, es importante que busques ayuda para ti mismo.
Acudir a un terapeuta puede ayudarte a volver a conectar con tus propias necesidades y a empezar a centrarte en tu bienestar.
Terapeuta
Después de trabajar durante muchos años con los seres queridos de personas que luchan contra la adicción, todavía me sorprende cuántos empiezan diciendo: «Sé que les estoy facilitando las cosas, pero…». Si una persona no quiere asumir la responsabilidad de las consecuencias de sus actos, intentará culpar a los demás. No aceptes la culpa ni intentes arreglar las cosas por ellos. No has hecho nada malo. Tienen que aprender que, si quieren resultados diferentes, tendrán que tomar decisiones diferentes.
Terapeuta principal
Tienes buenas intenciones: intentas cuidar de una persona a la que quieres y que está pasando por un mal momento. Sin embargo, llega un momento en que el cuidado se vuelve compulsivo y desalentador. Cuando actúas como facilitador, la felicidad y la seguridad de los demás pasan a ser lo primero. Pierdes el contacto con tus propias necesidades y tu sentido de identidad. Mientras tanto, tu ser querido (que puede y debería cuidar de sí mismo) tiene menos confianza en su propia capacidad de recuperación y en sus habilidades, y menos motivación para cambiar.
Obtenga respuestas sobre su coste / cobertura ahora.
Sus datos se mantendrán privados
Hablemos de lo que pasa, sin juzgar (nosotros también hemos pasado por lo mismo). Nadie sabrá que lo has preguntado y no hay compromiso por la llamada.
¿Necesitas hablar con alguien? Siempre estamos aquí, de día o de noche.
Haz preguntas, obtén orientación, sin presión ni obligación.
Tu historia permanece con nosotros. Apoyo confidencial, siempre.
¿Por qué esperar?
Obtenga respuestas ahora mismo.
Estás aquí porque sabes que necesitas ayuda. Hablemos juntos. No hay ningún compromiso y es 100 % confidencial, incluso para comprobar tu seguro.
100% confidencial